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Os mostramos la luna de miel de Carla, una lectora que ha querido compartir con nosotros el viaje de novios que siempre soñó.

Me casaría una y mil veces sólo por volver a revivir los románticos días que pasé junto a Guillermo durante nuestra maravillosa luna de miel.Cuando decidimos casarnos, él me dijo que el viaje corría por su cuenta. Quería darme una sorpresa. Hasta el día que salió el avión no supe realmente cual iba a ser el destino. Soy muy curiosa y durante los seis meses que duraron los preparativos no paré de preguntar a Guillermo dónde íbamos a ir. Él, siempre con su sonrisa de seductor, no paraba de decirme: “Es una sorpresa. No puedo adelantarte nada. Sólo te diré que te vas a morir de amor…”. De vez en cuando me regalaba alguna pista: Limoneros, acantilados, agua, quietud, molino…

Lejos de despejarme mis dudas, cada vez me era más difícil descubrir dónde me iba a llevar mi querido Guillermo de luna de miel. Sólo conseguí que me dijera lo que debía meter en la maleta: “Mi amor, llévate de todo como siempre. No te olvides de ese vestido negro que tanto me enloquece”.

Tras meses de nervios, llegó el Gran Día. Fue una boda sencilla, con pocos invitados. Aprovechamos el buen tiempo de mayo para celebrar una cena al aire libre con un menú delicioso. Cuando el reloj marcaba las 12 de la noche, Guillermo se acercó a mí, me miró a los ojos, y con esa sonrisa con la que me conquistó, hace ahora cinco años, me dijo en voz baja, casi susurrando: “Hoy comienza la etapa más feliz de tu vida. Yo me encargaré de que así sea. Confía en mí. Nunca te defraudaré. Te quiero con locura”.

A la mañana siguiente descubriría lo que Guillermo llevaba tanto tiempo en secreto. De camino al aeropuerto, le pregunté si el vuelo iba a ser muy largo. Mi ya marido sabe lo poco que me gusta viajar en avión. “Un poco más de dos horas”. Antes de llegar a la puerta de embarque me confesó, por fin, el destino de nuestra Luna de Miel: Amalfi, Venecia y Sintra.

Europa, mi destino para la luna de miel.

Guillermo había preparado un viaje con mis tres lugares preferidos. “Si ya te gustaron estos tres rincones de Europa, verás cuando descubras los hoteles que tengo preparados”. El vuelo de Air Nostrum nos llevó hasta Nápoles. Allí nos esperaba el conductor del hotel para llevarnos por una sinuosa carretera hasta Amalfi. Hacía un día de sol intenso. El azul del mar se convertía en turquesa. Las buganvillas, los limoneros y las viñas me recordaron los días que vivimos Guillermo y yo en aquella pequeña casita situada al borde de un acantilado, muy cerca de Amalfi.

De repente, el coche paró. Mi marido me dio la mano y me llevó hasta una especie de portal decorado en blanco y con unas fotos antiguas en blanco y negro colgadas de sus paredes. Un ascensor nos subía hasta el hotel. Luego me enteré que sólo tiene acceso a pie. Un verdadero lujo inteligente. Rápidamente vi el cartel que decía: NH Grand Hotel Convento di Amalfi.

luna de miel en europa

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Cuando se abrieron las puertas descubrí un hotel muy especial. El blanco, el beige y los tonos chocolate predominaban en su decoración. Nos acomodaron en una de sus junior suites con vistas al mar. Daba la sensación de estar suspendido en el aire. Nos informaron sobre el horario del almuerzo y decidimos comer en la terraza contigua al paseo de los frailes. Un menú exquisito con productos de temporada. Lo mejor: las vistas, la quietud, el olor a limón, el color rosa de las buganvillas, la sensación de ser dueña absoluta de ese lugar, el sentirte como en casa y el tener a Guillermo mirándome fijamente mientras degustaba una copa de limoncello realizado en las destilerías cercanas al hotel. Muy recomendable si buscas una luna de miel de ensueño.

Durante los días que duró nuestra estancia en el Grand Hotel Convento di Amalfi, disfruté de unos eternos baños en su piscina infinity. Me encantaba madrugar, despertarme con el sonido de los pájaros, bajar con mi albornoz paseando hasta llegar a la impresionante piscina. Daba la sensación de estar bañándote en el mar. Toda una delicia.

Me sentía la mujer más feliz del mundo. Apenas salimos del hotel, no hacía falta. Tan sólo visitamos Positano, Ravello y el pueblo de Amalfi. Alquilamos una Vespa vintage de los años 60 y recorrimos por sus carreteras, kilómetros de curvas interminables. ¡Una experiencia deliciosa!.

Rumbo a Venecia

Muy a nuestro pesar, terminaron los días y pusimos rumbo a Venecia. A la llegada al aeropuerto Marco Polo, un water-taxi nos estaba esperando para llevarnos hasta el hotel. Tras veinte minutos de travesía en una lancha de madera, a lo lejos divisé el hotel que Guillermo tenía preparado como segunda sorpresa. En la margen izquierda del canal de La Giudecca, dando la bienvenida a la ciudad más romántica de Italia, se encontraba uno de los hoteles más lujosos de Venecia: el Hilton Molino Stucky.

Tras desembarcar y hacer el check in, el botones los llevó hasta la puerta de nuestra habitación. Cuando se abrió, me quedé completamente hechizada. Guillermo había alquilado la suite presidencial: trescientos metros cuadrados distribuidos en dos plantas, con spa, sauna, hamman, zona wellness privada y acceso directo a la piscina. En el muelle del hotel, siempre teníamos un barquito que nos llevaba hasta la misma Plaza San Marcos. Un paseo en góndola y una cena romántica en la terraza del mítico Danieli bastó para saciar la necesidad de recordar los canales y plazas de mi ciudad favorita en la luna de miel que siempre soñé. Sólo quería estar encerrada con Guillermo en esa majestuosa habitación siempre decorada con orquídeas. Cada vez que volvíamos, una botella de champagne y unos bombones nos esperaban en el lounge.

Soy muy coqueta y muy exigente con las amenities. Las del Hilton Molino Stucky cumplieron con creces mis expectativas: jabones artesanales de lavanda y limón, colonia fresca con envases vintage en dorado y ni qué decir tiene los cosméticos de su spa. Todos de Carita Paris. Nos animamos y probamos el masaje a dos con aromaterapia y música oriental.

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La luna de miel que siempre soñé.

Finalmente nos esperaban la silenciosa y enigmática Sintra. Tras el viaje, llegamos a la plaza de la ciudad, nuestro taxi nos dejó justo al lado del Palacio Nacional. Una calesa de mil colores tirada por un caballo nos estaba esperando para llevarnos al hotel. En pocos minutos entramos por un portón de hierro fundido tras el que se veía un gran jardín que daba acceso al Palacio de Seteais, convertido en hotel y gestionado por la cadena lusa Tivoli. Guillermo había estado unos meses antes y se enamoró del lugar, de su arquitectura y de su exquisito servicio. Me pareció un lugar muy romántico, donde desconectar del mundo. Lo más de lo más: una cama inmensa de la que no quería salir. Era muy alta, como las que utilizaban las aristócratas del siglo XIX.

La habitación era preciosa, con frescos en las pareces, mobiliario antiguo y detalles tan especiales como flores del jardín recién cortadas en la cómoda y una cafetera Nespresso con tabletas de varios tipos de café. Desde luego algo que no he visto en muchos hoteles. Guillermo seleccionó este lugar, no sólo por lo especial que es, sino porque posee picadero de caballos propio y como nos encanta montar, disfrutábamos todas las mañanas de un paseo por la sierra de Sintra para luego zambullirnos en su apetitosa piscina.

Como Guillermo viaja mucho a Portugal, por su trabajo, y se aloja en los hoteles Tivoli, es socio de “Experience More”, acumulando noches de hotel te regalan T/Experience que son actividades que cada hotel ofrece. Nosotros optamos por un picnic gourmet en la sierra de Sintra, un paseo en sidecar por las calles de Lisboa y un inolvidable crucero por la costa de Estoril en un magnífico velero. La luna de miel, perfecta.

luna de miel en europa

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Mañana mismo volvería a casarme. Nuestra Luna de Miel ha sido una experiencia muy apetitosa, 100% recomendable. No hace falta irse muy lejos para vivir unos días tan bonitos como los que Guillermo me regaló.

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