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Sabemos que comprar el vestido de novia es un momento muy importante en nuestras vidas. No solo por la emoción que nos supone (que es mucha) también por el desembolso que tenemos que estar dispuestas a afrontar. Pero, ¿Y si ese vestido fuera reutilizable? Para ir al súper, para quedar con tus amigas… Todo es cuestión de perspectiva o, por lo menos, así lo ha pensado esta australiana. 

En la antigüedad, las mujeres empleaban su vestido de novia después de la boda para asistir a los grandes eventos con sus mejores galas. Pues la australiana Tammy Hall ha decidido seguir su ejemplo. De hecho, lo ha llevado un poco más lejos.

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¿Será el vestido de novia más usado de la historia?

En el gimnasio, en el supermercado… Para ir a pescar o para jugar al basketball. La pregunta ideal para Tammy es: ¿Cuándo NO podemos usar nuestro vestido de novia? ¡Todos los momentos son buenos para ella!

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En octubre del año pasado, Tammy HallKaren Frost  se daban el ‘sí, quiero’. Pero, antes de la boda, la novia sufrió una pequeña crisis ética y moral. La razón fue el viaje que realizó a la India en el año 2016. Allí fue donde se dio cuenta del consumismo excesivo de nuestros días: ‘Un par de años antes de mi boda, en 2016, había viajado a la India. Para mí, eso fue un balde de agua fría. Soy privilegiada y no me había percatado de cuánto consumimos como sociedad. Después de regresar a casa, me prometí a mí misma no comprar ropa o zapatos nuevos durante todo un año.’

Así que, a medida que la fecha del enlace se acercaba, a Tammy le acontecía otro dilema: ¿Qué hacer con el vestido de novia? ¿Debía gastarse una gran fortuna o seguir manteniendo su insignia de consumidora responsable? La australiana encontró una respuesta favorable a su gran día que también respetaba su conciencia: ‘Cuando se acercó la fecha de la boda estaba en un dilema, ¿podría justificar gastar tanto en un vestido que usaría durante unas horas? Especialmente cuando acababa de pasar todo un año intentando no consumir y llevar una vida sustentable. Al final decidí que, en caso de comprarlo, me aseguraría de usarlo una y otra vez. Me lo he puesto para hacer cosas como jugar al baloncesto, ir de pesca e incluso caminar por el lodo.’

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La primera vez que Tammy volvió a enfundarse su vestido de novia fue en las elecciones australianas de este año. El pistoletazo de salida a un outfit que no ha parado de ponerse: para cocinar, hacer tareas e incluso para cortar leña. ‘Cada uno por su cuenta, pero para mí, esta fue la forma más ética que se me ocurrió para justificar tener un vestido de novia. Ahora todo parece tan desechable, pero esta pieza y estos recuerdos durarán toda la vida’ contaba orgullosa Tammy.

Y tú, ¿Seguirías los pasos de esta australiana tan característica?

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