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Me gusta la gente valiente, esa que no deja que lo tradicional le nuble sus ganas de actuar. Creo en los flechazos  y en promesas que con el paso del tiempo se cumplen.  Me enamora ver lo bien que se habla de la persona que quieras cuando no está delante. Eso es amor. Y  todo esto, está reunido en una de las historias que más han cautivado a los seguidores de Y LE DIJE SÍ en el mes de agosto: la de Jacobo y Aline.

 

Cuando conocí a Jacobo, me conquistó la forma en la que hablaba de su historia con su mujer, no me pude resistir a pedirle que la compartiera con todos.  Cuando le escuchaba, inevitablemente me iba sumergiendo  en una película romántica donde el amor triunfa. Soy fan de las historias escritas por ellos, tienen magia, como ellos dos. ¡Espero que os encante!

Jacobo y Aline

Fotografía: Boda & Films

Jacobo y Aline: una pedida de mano cautivadora

“Aline apareció un día en el salón de mi casa con un montón de apuntes y libros para estudiar los exámenes de la carrera, y ya nunca se marchó. Era la amiga de la uni de mi hermana. Y yo me quedé prendado.

Ambos teníamos pareja entonces y nos limitábamos a mirarnos con complicidad cuando coincidíamos por casa. Pronto las noches de estudio se convirtieron en cafés con poco azúcar y muchas risas en la cocina y un “va que me tengo que poner a estudiar y tu hermana me mata”. Vivíamos vidas paralelas; coincidíamos en fiestas, en garitos, con diferentes grupos de gente, en mi casa de verano cuando venía a pasar unos días con mi hermana… y la magia estaba ahí. Pero nada más. 

En el verano de 2010 me fui a hacer unas prácticas a California y ella a Barcelona. Y fue el verano en el que no dejamos de hablar y de reir por messenger. Quedábamos para contarnos el día y echarnos unas risas, para intentar lamernos las heridas de nuestras relaciones respectivas que se hundían lentamente. Fue un verano divertido. Tanto, que le prometí medio en broma medio en serio que “algún día me casaré contigo”. El verano terminó, yo volví a casa , ella a la suya. Y aunque ella había terminado su relación, la mía se intensificó y con ello se enfrió la historia de Aline. 

Seguíamos coincidiendo, seguíamos riendo, seguíamos buscándonos en discotecas, pero los dos nos quedamos con la sensación de “lo que pudo ser y no fue”. 

Con el tiempo me fui a vivir a Chile por trabajo y estuve lejos de casa casi dos años donde terminé mi relación con mi novia y tuve unas tantas otras. De Aline no sabía nada, aunque ella me ha confesado que ella de mí lo sabía todo. Dos años más tarde volví después de mi periplo por Latinoamérica. Un día abrí la puerta de mi casa y allí estaba ella con sus apuntes y sus gafitas. El corazón nos dio un vuelco. Lo tuve claro, por fin era nuestro momento. Me metí en la habitación, respiré hondo, me armé de valor, salí y le propuse ir al cine. Llevamos juntos desde entonces, aunque hemos tenido que pasar mucho tiempo separados por mi profesión. Hemos aprendido a exprimir al máximo nuestro poco tiempos juntos y disfrutar la vida a tope. Tanto que se nos pasó lo de casarnos. Hasta que mi última aventura me llevó a Indonesia y a separarme de ella de nuevo. Una experiencia que cambió la forma en que veía nuestra relación y la veía a ella. No teníamos una vida en absoluto ordenada y tampoco dinero para casarnos. Pero el amor lo pudo todo. Estaba decidido, le pediría que se casase conmigo la próxima vez que la viera. Un día mientras estaba llegando a casa después de trabajar en Jakarta me llegó un mensaje “voy a verte en Navidad, ya no vas a estar solito”. Empecé a saltar de alegría y me puse manos a la obra. Pasaríamos la Nochebuena en un hotel de Bali, donde les pedí que prepararan una cena balinesa al lado de la piscina, bajo una palapa llena de velas. Y allí en el postre, ocho años después cumplí por fin aquella promesa inocente que le hice desde California, y le pedí que pasará el resto de su vida conmigo y yo le prometí no irme lejos nunca más. 

Todos me preguntan por el anillo de pedida.  Y es que no fue fácil encontrar algo especial y que se ajustara a mi presupuesto y al estilo de Aline, que no es de las chicas que sueña con un solitario de Tiffany’s. Buscaba algo con historia, que le recordase el lugar donde nos habíamos comprometido a ser felices hasta nuestro último día. Así que viajé y visité todos los anticuarios que pude para acabar encontrando un anillo antiguo de la Isla de Java en plata con dos piedras semipreciosas, una por cada uno de nosotros. Nada lujoso pero muy auténtico y como me dijo ella “muy Boho Chic, muy nosotros, muy yo”.

Jacobo.”

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