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Tiffany & Co. escribe un nuevo capitulo en su historia. Manteniendo el espíritu de la casa de joyería, nace su primera fragancia. Un diseño poderosamente innovador y moderno que libera la esencia de la marca en toda su pureza: piel desnuda, un aroma, detalles de joyería y un color icónico. Audaz, provocadora y totalmente inesperada.

 

La casa de joyería estadounidense lanza su primer perfume. Y, como no podía ser de otra forma, se inspira en su famoso diamante amarillo de 128.54 quilates y en su diamante Lucida (el de los anillos de compromiso) para crearlo. ¿El resultado? Un perfume hecho para brillar. Una fragancia audaz, provocadora y totalmente inesperada, una identidad icónica con un diseño poderosamente innovador y moderno.

Existen ciertos paralelismos entre la creación de fragancias y la de joyas. Y, siendo conscientes de que Tiffany & Co. ha hecho suspirar a mujeres de todo el mundo desde 1853 con las primeras, no cabía duda de que lo haría con su perfume.

Como si del pulido de un diamante se tratara, la casa de joyas transforma cuidadosamente los olores de la naturaleza que más les interesan para componer su esencia. Y, para ello, cuentan con la mundialmente reconocida perfumista Daniela Andrier.

Fotografía: LucíaSeCasa – Juan Manuel Ambrojo

El perfume de Tiffany & Co. no utiliza diamantes pero si uno de las esencias más caras del mundo

La fragancia comienza con unas vibrantes notas de salida de mandarina verde que envuelven el ingrediente estrella: el iris. Cuando Andrier pensó en cómo olía la nueva fragancia de Tiffany & Co., pensó en el iris, una de las sustancias más costosas que se usan en los perfumes y cuya asociación con la casa de Tiffany se remonta a los bocetos iniciales de su archivo. Trabajó con el ingrediente crudo como si fuera una piedra preciosa. “La idea era mantener solo su quintaesencia, su brillo”. Para ello, creó un proceso de extracción por hidrodestilación único para la fragancia que elimina los aspectos resinosos del extracto y mantiene las cualidades ligeramente en polvo, como brotes. El resultado se llama Fracción Iris, y cuando se mezcla con pachulí y almizcles produce un aroma floral duradero pero efervescente.

Una interpretación contemporánea creada con los ingredientes más preciados de la alta perfumería tradicional.

Fotografía: LucíaSeCasa – Juan Manuel Ambrojo

Fotografía: LucíaSeCasa – Juan Manuel Ambrojo

El frasco de cristal consituye una joya gigante en sí misma.

Dando un paso más allá, el frasco de cristal se inspira en los diamantes tallados y consituye una joya gigante en sí misma. Así, destaca por el faceteado de su base, las líneas geométricas y puras y el brillo de los precisos cortes del frasco iluminado por un mínimo tinte azul en la esencia. La guinda del pastel la aporta un toque azul Tiffany en forma de cinta y una placa de metal grabada con la marca bajo el tapón.

Fotografía: LucíaSeCasa – Juan Manuel Ambrojo

Vale, está claro que esta fragancia no es exclusiva para novias pero no podemos evitar pensar que podría ser su “algo azul”. Al menos sería un detalle muy preciado para todas las que no han tenido el placer de recibir una cajita azul con el anillo de compromiso. Pues, al igual que todas las creaciones de joyería, la fragancia se presenta en la icónica caja azul de Tiffany.

Fotografía: LucíaSeCasa – Juan Manuel Ambrojo

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